jueves, 6 de septiembre de 2012

HASTA SIEMPRE ABUELO

 
 
 
Artículo publicado el 20 de julio en SoyXerecista.es
 
José Orellana Martínez, mi abuelo, fue una de las personas que me metió el veneno azul y blanco del Xerez C.D. A él le debo mucho de lo que ahora soy, como xerecista y como persona. Con él, con mi padre y mi tío, acudía al estadio de Domecq más pendiente, como es normal en un niño, de subir y bajar las gradas encaladas del antiguo estadio que de los Queco, Perdigones, Poyatos, Rosado, Correa o Adolfo que tanta gloria dieron a este club.
 
Mi abuelo siempre fue un gran xerecista. Me encantaba oir sus historias sobre desplazamientos en moto con su primo para ver al equipo en pueblos remotos o de derbis en Carranza donde tuvieron que salir "escopeteaos" allá por la década de los 50. Siempre se sacó su abono, siempre al lado de su club.
Cada vez que hablaba con él comentábamos la actualidad del club, partidos, fichajes... Al trabajar y vivir en Sevilla me preguntaba constantemente "¿Qué se dice del Xerez por allí?" preocupado, como todos, por la imagen, en ocasiones lamentable y esperpéntica, que ofrece el club fuera de Jerez.
 
Con mi abuelo viví dos ascensos a Segunda División pero parecía imposible que lograra a vivir uno a la liga de las Estrellas. Más que nada porque el equipo nunca invitaba a que dicha empresa pudiera ser algún día realidad. "Yo nunca veré al Xerez en Primera", me decía. "Claro que sí, abuelo" Le respondía yo quitándole hierro al asunto pero sabiendo que quizás era muy probable aquello que me decía. Recuerdo que en una de mis intervenciones en el programa Noches de Fútbol, José Manuel Jesús me preguntó cómo reaccionaría si el equipo subía a Primera. "No lo sé" respondí, "No logro imaginar esa situación". Pero cuando sucedió la alegría, como al resto de los xerecistas, inundó mi corazón. Tremendamente contento por el logro histórico de mi equipo pero, sobre todo, porque mi abuelo iba a cumplir un sueño que, desgraciadamente otros xerecistas no pudieron ver desde la grada terrenal de Chapín. Recuerdo los lloros y las caras de alegría de aquellos que me rodeaban y me sorprendió con la entereza y la madurez con la que yo lo estaba llevando. Después de ver al equipo dar la vuelta de honor al campo bajé apresurado a la parte inferior de Preferencia donde él se sentaba dado que sus piernas ya le impedían subir al que siempre fue su asiento. No lo encontré, ya se había ido a su casa con sus hijos para evitar la bulla de los festejos. Entonces lo llamé y cuando oí su voz, sólo pude decirle "Abuelo, lo hemos conseguido" Acto seguido rompí a llorar. No sé si llegó a darse cuenta, supongo que si aunque nunca me dijo nada. ¡Me alegré tanto por él! Esa fue mi sincera reacción ante el ascenso del Xerez. Me sentí muy afortunado por llegar a compartir ese momento histórico con él puesto que otros xerecistas, tristemente, no pudieron hacer lo mismo con sus abuelos, padres y demás familiares o amigos.
 
Este año, desgraciadamente, no podrá renovarse su abono ni ver si Esteban Vigo vuelve a hacer historia con el Xerez. Al menos, no lo verá desde su asiento terrenal. Él ha pasado a formar parte de esa gran hinchada de xerecistas que tenemos en la grada del cielo. De esa afición celestial que empuja y anima tanto o más que los que seguimos haciéndolo desde la grada. Cuando esta temporada entre por primera vez a Chapín supongo que será especial porque, aunque no lo vea nada más entrar por la puerta 13, se que de un modo u otro él estará allí. Gracias abuelo por todo lo que me has dado. Has sido un gran padre, un gran abuelo y un gran bisabuelo. Estoy muy orgulloso de haberte tenido a mi lado. ¡Hasta siempre!
 
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